"Educar en emociones implica permitirnos sentir emociones"
Llorar, reír, enfadarse, abrumarse, sentir miedo, ira, frustración... Todo tiene cabida. Cuando enseñamos a nuestros hijos a identificar y gestionar cualquier emoción, sin juzgarla, su autoestima se fortalece, les hacemos sentir valiosos.
No solo les ayudamos a entender lo que sienten; les acompañamos en un proceso de crecimiento que les permitirá convertirse en adultos más estables, capaces de reconocer, regular y gestionar sus propias emociones con seguridad.
1-Las emociones no son el problema, los silencios si:
Reprimir lo que sentimos, no lo elimina pero si que lo omite. Y lo que se omite se transforma en una fuerza imparable: ansiedad, rabia, desconexión... Permitir que nuestros hijos expresen lo que sienten es enseñarles que no tienen que temer su mundo interno.
2-Validar no es consentir, es acompañar:
Cuando decimos: "entiendo que estes enfadado" no quiere decir que voy a aceptar una conducta agresiva. Quiere decir, que reconozco la emoción que hay en ti, y te voy a ayudar a canalizarla. La validación es el primer paso para que exista la autorregulación.
3-El hogar como espacio seguro emocional:
Cuando en casa se permite sentir, l@s peques no necesitan esconderse. No necesitan fingir. Y esto crea vínculos profundos, honestos y duraderos. La seguridad emocional es más poderosa que cualquier norma.
4-Hay que dar ejemplo:
Una base que hay que mostrar en casa es: Los adultos también sienten. Porque cuando mostramos nuestras emociones con responsabilidad estamos enseñando que sentir no es debilidad, sino humanidad.
-Ahora me siento triste, darme un momento.
-Me he sentido enfadada, necesito calmarme.
...